
Con ese impulso que necesita un avión para alcanzar más de 35 mil pies de altura y dejar atrás el suelo... así mismo dejaba atrás a mi madre quien seguramente estaría llorando, a mi padre triste también, pero al mismo tiempo feliz y con ese rostro serio donde uno nunca sabe exactamente como se siente. A mi hermana que entre lágrimas abrazaría seguro a mi madre diciéndole que todo estaba bien. Dejaba atrás a mis amigos y a mis enemigos, a mis hermanos que estaban en sus respectivos trabajos a quienes imagino ahora preocupados y felices también. Dejaba atrás a quienes no podían creer, que yo; alguien que quizás estaría estancado en sus sueños, estaba ahora viajando rumbo a un país al que jamás había pisado y con el que hace muchísimo soñaba.
Atrás, bajo el sonido del avión al despegar, seguido de un fuerte dolor de cabeza, viendo como cada vez mas pequeño se hacía mi hogar, el barrio a lo lejos, donde jugaba de pequeño, seguro mi madre veía el avión tan distante, deseando que todo me vaya bien. Durante ese fuerte dolor de cabeza seguido de un mareo atroz, apretaba fuertemente la mano de mi esposa, fiel compañera que día a día me llena de ánimos, que en ese momento tenía un rostro bañado de emoción, volver a su tierra después de casi un año, su paladar saboreaba los exquisitos platos que hoy saboreo yo.
Miraba las nubes, aquellas que el cielo de Lima la Gris no te permite ver, mi inquietud de niño hacía que me moviera en el asiento y viera a cada instante la ventana, parecía que veía el mar, quizás ya estábamos lejos de Perú. Veía a mi esposa que buscaba una emisora radial y que para felicidad nuestra había también de Heavy Metal. Volteaba a ver si aún podía ver mas, recordaba también aquel sueño extraño que espero algún día terminar de escribir, donde viajaba colgado de unos globos en busca de la bruja del atardecer. Trataba de llenar mi mente de pasajes bonitos esperando que mi madre pronto se tranquilice, y es que no es culpa nuestra ni de ella; que sea una madre tan sobreprotectora. Me reía incluso de muchas de las cosas que pasamos en Lima. Que es lo que me espera? –me preguntaba mientras veía sonreír a mi esposa. Solo espero no defraudar –respondía en silencio; devolviéndole la sonrisa.
El sonido del avión rápidamente se perdió entre mi imaginación, tomaba fotos lleno de emoción. Quizás Vania estaría preocupada por la comida ya que lamentablemente no sería un buen mexicano; debido a que el picante, el nopal y uno que otros ingredientes no están en mi menú. Preocupada también por como me sentiría, por como me trataría México, preocupada por como lograríamos salir adelante. Preocupaciones que nunca faltan cuando puedes mirar con amor, paz y tranquilidad a los ojos del ser que amas. Las preocupaciones son normales, lo anormal sería paralizarnos ante ellas.
La azafata se acercaba a ofrecer el desayuno, había pasado rápidamente la primera hora, esa timidez extraña, que me paraliza; hacía que Vania pidiera por mí, y es que pienso que a veces pudiera enojarse conmigo por no ser tan firme y tan seguro de mi mismo. Espero algún día cambiar. Luego del desayuno las horas fueron lentas, bromeábamos mientras veíamos más y más nubes. Preparaba mi discurso pues conocería personalmente a mis suegros, que quizás ya enrumbaban al aeropuerto a recibirnos, recibía por quinta vez las instrucciones de mi esposa, que me repetía una y otra vez sobre los peligros de ayudar a alguien en el aeropuerto. Las horas lentas hacían que el sueño nos invada. Y al cabo de varias horas podíamos ver lo que sería el Popocatépetl, ya estamos, le dije, ya llegamos, nos despertamos de emoción, ya falta poco.
Veía algo que contradecía lo ya escuchado, aquellas historias de la abundancia de arboles, no fue lo primero que nos recibió sino un largo tramo de terral, Pero la imagen cambió. Poco a poco divisábamos con exactitud mas detalles de mi nueva tierra, muchos arboles, al parecer un orden en las calles y muchos edificios. El piloto anunció la llegada y avisó que estábamos próximos a aterrizar, seguidamente las azafatas comenzaron a hacer movimientos extraños, que luego Vania me explicaría que nos mencionaban las rutas de evacuación. De pronto la película Destino Final vino a mi mente, la cual regresaría a la normalidad después de aquel giro efectuado por el avión para aterrizar. El sonido de las llantas tocar el suelo nos daba un alivio y la emoción por conocer se abría ante mi, sin palabras, sin saber que decir, sin saber...
Después de 6 horas de vuelo y quizás 1 hora de trámites migratorios las puertas del terminal 2, se abrían para mostrarnos a mis suegros esperándonos, muy elegantes y a la abuelita de mi esposa, a quien con mucho cariño digo también: mi abuelita. Luego lo demás fue silencio, por parte mía ya que no soy bueno entablando conversaciones pero después; lo que siguió fue probar las tortillas, el tequila y conocer a los demás miembros de mi nueva familia. A quienes desde el primer día que los fui conociendo, sea virtual o en el plano real, les estoy eternamente agradecido por abrir sus brazos a este desconocido, un desconocido que simplemente espera no defraudar...
Atrás, bajo el sonido del avión al despegar, seguido de un fuerte dolor de cabeza, viendo como cada vez mas pequeño se hacía mi hogar, el barrio a lo lejos, donde jugaba de pequeño, seguro mi madre veía el avión tan distante, deseando que todo me vaya bien. Durante ese fuerte dolor de cabeza seguido de un mareo atroz, apretaba fuertemente la mano de mi esposa, fiel compañera que día a día me llena de ánimos, que en ese momento tenía un rostro bañado de emoción, volver a su tierra después de casi un año, su paladar saboreaba los exquisitos platos que hoy saboreo yo.
Miraba las nubes, aquellas que el cielo de Lima la Gris no te permite ver, mi inquietud de niño hacía que me moviera en el asiento y viera a cada instante la ventana, parecía que veía el mar, quizás ya estábamos lejos de Perú. Veía a mi esposa que buscaba una emisora radial y que para felicidad nuestra había también de Heavy Metal. Volteaba a ver si aún podía ver mas, recordaba también aquel sueño extraño que espero algún día terminar de escribir, donde viajaba colgado de unos globos en busca de la bruja del atardecer. Trataba de llenar mi mente de pasajes bonitos esperando que mi madre pronto se tranquilice, y es que no es culpa nuestra ni de ella; que sea una madre tan sobreprotectora. Me reía incluso de muchas de las cosas que pasamos en Lima. Que es lo que me espera? –me preguntaba mientras veía sonreír a mi esposa. Solo espero no defraudar –respondía en silencio; devolviéndole la sonrisa.
El sonido del avión rápidamente se perdió entre mi imaginación, tomaba fotos lleno de emoción. Quizás Vania estaría preocupada por la comida ya que lamentablemente no sería un buen mexicano; debido a que el picante, el nopal y uno que otros ingredientes no están en mi menú. Preocupada también por como me sentiría, por como me trataría México, preocupada por como lograríamos salir adelante. Preocupaciones que nunca faltan cuando puedes mirar con amor, paz y tranquilidad a los ojos del ser que amas. Las preocupaciones son normales, lo anormal sería paralizarnos ante ellas.
La azafata se acercaba a ofrecer el desayuno, había pasado rápidamente la primera hora, esa timidez extraña, que me paraliza; hacía que Vania pidiera por mí, y es que pienso que a veces pudiera enojarse conmigo por no ser tan firme y tan seguro de mi mismo. Espero algún día cambiar. Luego del desayuno las horas fueron lentas, bromeábamos mientras veíamos más y más nubes. Preparaba mi discurso pues conocería personalmente a mis suegros, que quizás ya enrumbaban al aeropuerto a recibirnos, recibía por quinta vez las instrucciones de mi esposa, que me repetía una y otra vez sobre los peligros de ayudar a alguien en el aeropuerto. Las horas lentas hacían que el sueño nos invada. Y al cabo de varias horas podíamos ver lo que sería el Popocatépetl, ya estamos, le dije, ya llegamos, nos despertamos de emoción, ya falta poco.
Veía algo que contradecía lo ya escuchado, aquellas historias de la abundancia de arboles, no fue lo primero que nos recibió sino un largo tramo de terral, Pero la imagen cambió. Poco a poco divisábamos con exactitud mas detalles de mi nueva tierra, muchos arboles, al parecer un orden en las calles y muchos edificios. El piloto anunció la llegada y avisó que estábamos próximos a aterrizar, seguidamente las azafatas comenzaron a hacer movimientos extraños, que luego Vania me explicaría que nos mencionaban las rutas de evacuación. De pronto la película Destino Final vino a mi mente, la cual regresaría a la normalidad después de aquel giro efectuado por el avión para aterrizar. El sonido de las llantas tocar el suelo nos daba un alivio y la emoción por conocer se abría ante mi, sin palabras, sin saber que decir, sin saber...
Después de 6 horas de vuelo y quizás 1 hora de trámites migratorios las puertas del terminal 2, se abrían para mostrarnos a mis suegros esperándonos, muy elegantes y a la abuelita de mi esposa, a quien con mucho cariño digo también: mi abuelita. Luego lo demás fue silencio, por parte mía ya que no soy bueno entablando conversaciones pero después; lo que siguió fue probar las tortillas, el tequila y conocer a los demás miembros de mi nueva familia. A quienes desde el primer día que los fui conociendo, sea virtual o en el plano real, les estoy eternamente agradecido por abrir sus brazos a este desconocido, un desconocido que simplemente espera no defraudar...
